Horta de Sant Joan, el lugar ideal para un encuentro con Picasso
Elias Gaston
En todo el mundo muchos museos exponen obras de Picasso. En Nueva York, Chicago, Tokio, París, Munich, Barcelona y otras ciudades repartidas por todos los continentes podemos encontrar sus extraordinarias pinturas. Es fácil encontrar a Picasso-artista en estos museos y salas de exposiciones, pero ¿y a Picasso-persona? no solo en su dimensión creadora, también en la sentimental, ambas en perfecta comunión. ¿dónde encontrarle? Evidentemente lo buscaríamos en los lugares donde vivió, donde se inspiró y evolucionó profesional y personalmente. Y mejor aún, en un lugar especial con el que se hubiera sentido plenamente identificado, aquel lugar con el que todos soñamos en muchos momentos de nuestra vida, nuestro el Paraíso perdido. Así pues, ¿dónde buscar un encuentro pleno con Picasso? ¿En Málaga, la ciudad donde nació? ¿Quizás en Barcelona donde vivió su adolescencia y juventud? Otros pensarán que el lugar indicado es París, donde maduró como artista. Lo mejor sería preguntárselo al propio Picasso. En la correspondencia con su amigo Apollinaire encontramos la respuesta, dice: “Mis sensaciones mas puras las experimenté en una gran zona boscosa de España, cuando a los 16 años me retiré a pintar”[i]. Se refiere a su estancia en la zona silvestre de Els Ports de Horta, donde pasó el mes de agosto de 1898 con su amigo del alma Manuel Pallarés. Pero además, por si quedaba alguna duda, Picasso repitió muchas veces la frase: “Todo lo que sé lo he aprendido en Horta” No citó París, Barcelona o alguno de los lugares donde habitó gran parte de su vida. Se refería a este pequeño pueblo del sur de Cataluña donde, en dos etapas, vivió un año de su vida y que guardó en lo mas profundo de su memoria hasta sus últimos días. Ya muy mayor, en el año 1969, Picasso recibía en Nôtre-Dame-de-Vie una delegación de Horta. Durante la emocionante conversación, en un momento determinado, según testimonio de Joaquim Ferrás (primer presidente y cofundador del Centre Picasso) presente en la visita, Picasso con mirada nostálgica dice: “Horta me gustaba mucho. A veces pienso que me tendría que haber quedado a vivir, pero mis amigos me decían: - Qué harás allí?- No sé, no sé, tal vez estaría mejor que ahora.”
Pero, ¿qué experimentó Picasso durante su estancia en Horta para que se crearan estos lazos tan profundos? A finales de junio de 1898 llegaba a Horta de Sant Joan un aprendiz de pintor llamado Pablo Ruiz Picasso. Iba acompañado de su mejor amigo, Manuel Pallarès, natural de Horta y también compañero de estudios. Dos jóvenes que se habían conocido en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona y que mantuvieron durante 78 años una gran amistad que solo pudo interrumpir la muerte de Picasso.
Ambos amigos convivieron durante nueve meses en casa de la familia Pallarès. Durante este tiempo Picasso pinta y es feliz junto a su camarada. Comparten amigos, trabajos y la aventura de vivir un mes en una cueva en las agrestes tierras de Els Ports, allí fue donde Picasso experimentó “las sensaciones mas puras”. Josep Palau i Fabre, el prestigioso biógrafo y estudioso de la obra del pintor malagueño afirma que en Horta, lejos de la tutela paterna y académica, en comunión con la naturaleza y junto a su amigo, Picasso descubre toda la genialidad que lleva en su interior y que empieza a exteriorizarse. Por eso demora tanto su regreso a Barcelona, necesita tiempo para saborear estas nuevas sensaciones. Cuando, en febrero de 1899, el joven Pablo regresa a Barcelona, ya no es aquel aprendiz si no un joven lleno de fuerza y energía, muy seguro de lo que es y de lo que será, dispuesto a iniciar una de las más extraordinarias aventuras en el mundo del arte. Horta marca un antes y un después en la vida de Picasso.
Diez años mas tarde regresaba a Horta de Ebro (así es como Picasso nombraba a Horta de Sant Joan)[ii] un joven pintor muy conocido en los círculos de la vanguardia artística parisina, que dos años antes había revolucionado la pintura con su obra “Las señoritas de la calle Avinyó” con la que se inicia uno de los movimientos artísticos más importantes del siglo XX: el cubismo, que como afirmaba Gertrud Stein, en Horta alcanzó su plenitud. No regresó a Horta por casualidad, sabía lo que iba a encontrar: amigos y felices recuerdos junto a un paisaje perfecto para el revolucionario estilo pictórico. Por eso las obras cubistas realizadas durante el verano de 1909 son inseparables de la gente y el entorno donde se concibieron. Josep Palau i Fabre en su magnífica obra “Picasso. Cubismo. 1907-1917”[iii] afirma:
“Hemos de detenernos un momento más a contemplar la producción de Horta, subrayando el carácter progresivamente platónico, aquellas casas y aquellos paisajes no nos describen la realidad del pueblo, sino que nos lo subliman. Las paredes y los tejados están hechos de aire, están para que podamos pasar a través, ingrávidos, como si estuviéramos en el Paraíso perdido, y corroboramos nuestra afirmación que Horta fue para Picasso, durante toda su vida, el Paraíso perdido.”
Era una manera de rendir homenaje a la gente y al lugar que llevaba en el corazón. Picasso no regresó mas a Horta pero nunca se rompieron los fuertes lazos establecidos, a ello contribuyó Manuel Pallarès con sus frecuentes visitas a casa de su amigo para pasar cada verano unas semanas juntos. Días de largas conversaciones que, a menudo, comenzaban con la frase: “Recuerdas aquel día en Horta...”
Por eso nos atrevemos a aseverar que Horta es el lugar ideal para un encuentro con Picasso. El Centre Picasso intenta mantener viva su presencia a través de la reproducción facsímil de toda la obra realizada en nuestro pueblo, a la vez que es un homenaje de agradecimiento a quien situó Horta en un lugar privilegiado en el mapa universal del arte. Intentamos explicar a quien nos visita que aquí fue feliz y estableció un fuerte vínculo estético y sentimental con nuestra gente y con nuestros paisajes que permaneció inalterable a lo largo de su vida. Queremos que los estudiosos, los curiosos, los que aman el arte, encuentren aquí al genio y al ser humano.
Realmente Horta de Sant Joan es un pueblo afortunado ya que ha sido amado por un maestro del arte. Yo diría que doblemente afortunado, porque el espíritu del pintor ha conducido hasta Horta artistas y gente de cultura, unos siguiendo con curiosidad sus pasos, otros intentando entender el cubismo, que es como decir la esencia del arte del siglo pasado y muchos para conocer las tierras donde Picasso fué feliz. Los que formamos el Centre Picasso tenemos la suerte de recibir estos ilustres personajes que Picasso dirige hacia nosotros y que enseguida se convierten en nuestros amigos y nuestros maestros.
Entre ellos citaré al Dr. Leonard Folgarait, catedrático de arte en Vanderbilt University de Nashville, Tennessee, que después de sus extraordinarias publicaciones sobre los muralistas mexicanos y a través del estudio del gran artista Diego Rivera llegó a la obra de Picasso, interesándose especialmente por el cubismo y más concretamente por el cubismo geométrico, característico de la producción de Horta. Naturalmente esto le trajo a aquí para vivir in situ el paisaje que inspiró el movimiento artístico mas importante del siglo pasado. Durante unos días tuvimos el honor de acompañarle y mostrarle los lugares picasianos del pueblo y sus alrededores. Otro amigo que nos ha traído Picasso es el Dr. Enrique Mallen de Texas A&M University. Uno de los grandes especialistas en Picasso de Estados Unidos, así lo demuestra su faraónica obra en Internet ON LINE PICASSO PROJECT, un WEB imprescindible para cualquiera que quiera estudiar a Picasso y su obra. Un catálogo electrónico de 7000 obras del artista perfectamente documentadas. Diversos ensayos publicados e innumerables conferencias por todo el mundo nos dan el perfil de uno de los especialistas en Picasso mas importantes del momento. Gracias a la colaboración de ambos hemos conseguido localizar obras realizadas en Horta de las que desconocíamos sus propietarios.
Estamos seguros que Matt Lamb, un importante y reconocido artista y también un gran luchador por la paz y la tolerancia, el último amigo que nos ha traído Picasso, le encontrará aquí, en este pequeño pueblo catalán y también se enamorará de nuestro país y de nuestra gente
Cuando en una visita a Horta, nuestro amigo Dominicus H. Rodhe nos propuso esta exposición reconozco que desconocía la obra de Matt Lamb, descubrirla ha sido una agradable sorpresa, tanto en el aspecto humano como artístico. Admiro profundamente “Umbrella project”, creo que es imprescindible que el mundo del arte esté comprometido con la paz y la tolerancia, factores mas bien escasos en los tiempos actuales. La simbología de las formas y los colores tienen a veces una fuerza superior a la palabra, porque es el corazón quien la transmite. Como profesor, por tanto en contacto permanente con niños y adolescentes, agradezco a Matt Lamb su trabajo en las escuelas. Algunas veces el artista vive su mundo particular, lejos de la realidad y eso hace que su obra pierda humanidad y se adentre en la frialdad de la estética por la estética. Si un artista es capaz de descender al universo de los niños, lugar de inagotable fuente de inspiración y energía, como es el caso de Lamb, su obra será patrimonio de todos. Quizás la espontaneidad de la obra de Lamb arranca de este contacto permanente con la ingenuidad y la generosidad, difícil de encontrar en los adultos. La solidaridad con los que sufren, con las víctimas de la intolerancia, sugiere un alto concepto de la amistad en Matt Lamb, un valor no muy frecuente en las relaciones humanas, en muchos casos bastante frágiles. Así lo entendió también Picasso y lo demostró con gestos solidarios hacia amigos caídos en desgracia y perseguidos por la injusticia. Picasso llegó al mas alto reconocimiento en la sociedad y en el arte, sin embargo su gran amigo fue un discreto pintor, muy alejado de cualquier aventura vanguardista, distante del selecto círculo que rodeaba el admirado y famoso artista, con quien mantuvo una amistad de una duración inusual. Es bueno recordar este aspecto de los sentimientos de Picasso ahora que parece estar de moda hablar mal de él como persona.
No voy a analizar la obra de Lamb, para ello están los expertos en arte, como los que firman otros artículos de este catálogo con muchos mas argumentos que los que yo pueda tener, pero sí que puedo explicar las sensaciones que me ha producido. Como antes decía, la primera vez que vi su obra, sentí sorpresa y enseguida me vi atrapado por la eclosión cromática de su pintura, es fácil establecer una relación emocional con unas imágenes en las que predomina la espontaneidad y la voluntad de expresión por encima de inútiles refinamientos estéticos. Es una obra que no deja indiferente, conmueve desde el primer instante, creando una atmósfera plena de simbolismos que te obligan no solo a ver la composición si no también a leerla.
Después del primer impacto, intentando una lectura mas racional, adviertes que en la obra de Lamb está el alma del arte contemporáneo de las últimas décadas. Como si hubiera interiorizado la historia del arte del siglo XX y luego a través de una visión muy personal, la transmitiera de nuevo al exterior. Me ha parecido sentir el hálito de Chagall, Debuffet, los rostros-máscara de Picasso de los años 20 y también la expresión trágica de lo últimos autorretratos picasianos.
He de decir que me ha impresionado especialmente la pintura religiosa de Matt Lamb, de gran simbolismo como toda su obra. He visto en ella el misticismo de los retablos románicos, tan abundantes en el norte de Cataluña (una de las mayores y mas queridas joyas de nuestro arte), pero con una fuerza y una pasión enormes, que va más allá de la simple representación cromática de escenas bíblicas.
Bienvenido Sr. Lamb, es un honor para nosotros recibirle en este especial lugar picasiano. Sabemos que no viene por curiosidad ni por casualidad, usted admira y ama a Picasso, una buena parte de su obra así lo refleja. Era cuestión de tiempo. A los que como usted han deseado un encuentro auténtico con Picasso, éste los encamina hacia Horta de San Juan. [i] Esta frase aparece en el libro de CAIZERGUES, Pierre / SECKEL, Hélène: Picasso/Apollinaire. Correspondencia. Visor. Madrid, 2000; p.213
[ii] El nombre oficial del pueblo es Horta de Sant Joan. HORTA DE EBRO fue el nombre con el que Picasso lo denominaba; aunque cuando éste permaneció en dos ocasiones (1898-1899 y 1909) el nombre era simplemente Horta, y no fue hasta el año 1910 cuando adoptó el nombre actual. La razón por la cual Picasso decidió rebautizarlo fue simplemente porque, por entonces, existía otro pueblo -actualmente existe sólo como barrio- con el mismo nombre, junto a la ciudad de Barcelona y él quería señalar la diferencia.
[iii] PALAU I FABRE, Josep: Picasso cubisme. 1907-1917. Edicions Polígrafa, S.A. Barcelona, 1990. |