MATT LAMB Y LOS SERES VOLATILES
Martí Rom
“Todo arte profundamente original, al principio parece feo”. Tom Wolfe.
De cómo la pintura de Lamb, crea un mensaje metafórico, que nos desasosiega y por el contrario crea una fuente, génesis de esperanza y de concordia. Desde el primer día que entré a ver la exposición de Matt Lamb en el Centro Miró de Mont-roig, la magia de su pintura me atrapó, y al ver su obra expuesta dentro de la gran nave de la Antigua Iglesia, quedé cautivado, y una fuerte atracción me retuvo mirando sus cuadros. Las formas de personajes ingrávidos que flotan por sus obras, desobedecen la ley de la gravedad dentro del espacio cuadrado de la tela, donde no reina aparentemente ninguna ley, ni referencias académicas de proporcionalidad, perspectiva, ni otros motivos que distraen el verdadero mensaje que encierra la obra. La materia, generalmente amorfa, es la base con la que inicia sus cuadros; cuando viajas con la mirada por encima de la superficie, descubres sus capas gruesas superpuestas de pintura y materia que nos recuerda la epidermis creada por un escultor o la tierra labrada que cultiva un campesino. Posteriormente pude ver su método particular de trabajo: primero, en un proceso al que el llama “dip”, sumerge las telas inmaculadas dentro de un recipiente lleno de una masa compuesta de pintura y materia, de una fórmula secreta que él procura no explicar; para él es casi religioso, es como una liturgia íntima con el azar. Acabado este proceso primigenio con la materia, igual que el barro es el origen del hombre en el Libro Sagrado, la masa pastosa creada es el futuro germen de la nueva pintura; esta forma desigual y abstracta en volúmenes y colores, es donde él se inspira para pintar sus cuadros. Igual que el pintor Joan Miró, que se motivaba con lo que él decía “el accidente” que le servía para iniciar la pintura, y era limpiar los pinceles encima de las telas blancas que servían como inicio para los futuros cuadros. Lamb crea y se recrea en su mundo particular, lleno de personajes reales y formas angelicales, mezclados con arlequines, indios, animales y flores, todos flotando y retorciéndose en el espacio multicolor. “Si el color es música”, según el filósofo E.M. Cioran, a mí la pintura de Lamb me hace pensar en Malher, con su música melancólica, serena y mesuradamente exaltada. Utiliza la pintura para reforzar una crítica global hacia el mundo que nos ha tocado vivir, con rabia, dándole el máximo protagonismo a la persona, y se ve, que con pasión, delimita con una línea que refuerza el contorno de las figuras donde se dislumbra una influencia picassiana. Igualmente siente admiración por Miró, él se nutre de los grandes artistas del siglo XX para completar y originar una síntesis de donde saldrá su personal obra pictórica, creando un camino en un espacio específico, de factura temperamental y ejecución rápida, pero que a priori ha sido una idea meditada y depurada. Utiliza esa rabia con la pintura como lenguaje de soporte para dar un mensaje universal de amor. La obra, una vez acabada, bordea a primer golpe de vista las tendencias del grupo COBRA, pero él, además de la pintura, hace alusiones metafóricas hacia un estrato superior, donde el canto es la paz y su bandera la libertad. Su pintura, es sobresaturada en materia, depurada en el trazo, enloquecida en el color y austera en las composiciones de las figuras, que flotan generalmente solitarias, y cuando hace más de una, generalmente no hay contacto entre ellas, casi reina encima de toda esa amalgama una imagen poética que nos transporta subliminalmente a la tolerancia. El espectador que se siente atraído, quiere disfrutar del misterio creado por su pintura y cuando descubre la realidad que denuncia su obra, quiere, si lo entiende, reaccionar, comentar, dialogar. Lamb no hace una pintura para agradar, si no para golpear la conciencia del receptor, para que así deje de ser pasivo delante de la obra de arte, igual que delante de las injusticias del mundo actual que nos envuelve. En sus cuadros, uno no puede quedarse indiferente, pues nos hiere en la mirada, nos zarandea el cerebro, creando unas descargas emocionales de complicidad, entonces surgen las preguntas que brotan espontáneamente en contra de este mundo caótico: el porqué de las guerras, de las injusticias, por eso su obra quiere ir más lejos que una simple pintura decorativa. Como nos decía Picasso: “La pintura no es para decorar los salones de la alta burguesía, sino para cambiar el mundo”. Él, Matt Lamb, quiere hacer llegar su mensaje, no solo visualmente, si no a los estratos íntimos de la conciencia de las personas. Al contrario de Rembrant, que se nutría de la oscuridad para destacar las figuras, pues el pintor holandés era el genio de las sombras, para poder resaltar la luz; Lamb trabaja inmerso dentro de la propia luz, en medio del color, por eso algunos de sus personajes están a contra luz y resaltan, no a la persona individual, si no a la persona anónima. Para finalizar, lo mejor es acercarse, observar y gozar de su pintura junto con el mensaje que desprende, para más tarde reflexionar y digerir todo los que hemos asimilado. La mejor ayuda que podemos dar al espectador, es el acto que se puede hacer delante de un cuadro, es un acto de libertad, es MIRAR. (Tradución del catalán) diciembre 2004
|