Joan Miró

Miquel anguera i Brú

Todo el mundo cree que Joan Miró escogió Mont-roig como uno de sus lugares de residencia, pero no es exactamente así. Yo creo que fue Mont-roig quien escogió a este catalán universal, a este mont-rogense de adopción, a este hijo ilustre, para que llevase nuestro nombre por todo el universo, y no solamente por nuestro planeta. ¿Por qué, si no, pintó Las constelaciones? ¿Alguien me negará que no pensara en Mont-roig? Y cuando pintó La masía, en qué y en quién estaba pensando? Su pequeño universo se había hermanado, de hecho, y se había mezclado con todo el universo hasta llegar a ser un «distraído atento» y un «soñador despierto».  ¡Así era Miró!

Los mont-rogenses sospechamos que existió una confabulación de la playa, las aguas, la ermita, las piedras, los algarrobos, las viñas, los olivos, los almendros, los carros, las sinuosas calles de nuestra villa, las cañas, el serè, los colores, los olores, las hormigas, las calabazas y toda nuestra gente, para poder atrapar a aquella persona que ya debía transmitir algo especial.  Nuestros abuelos y padres, y todos los seres de nuestra naturaleza (tal vez sin saberlo), intensificaron sus voluntades para cautivarlo y, ¡ya lo creo si lo consiguieron!

Desde entonces, la visión de Joan Miró traspasó nuestra realidad hasta conseguir crear su mundo, y nuestras sospechas se han ido confirmando cuando hemos sabido que él tenía el don mágico que la naturaleza le había concedido. Unas declaraciones suyas así lo confirman: «... para mí un árbol no es un árbol, una cosa que pertenece a la categoría vegetal, sino una cosa humana, una cosa viva. Un árbol es un personaje, sobretodo, los árboles de mi país, los algarrobos».

Nace un 20 de abril de 1893 en Barcelona; en 1911 se recupera de unas fiebres en Mont-roig; en 1920 reside en París y durante los veranos vuelve a Mont-roig; en 1929 se casa en Mallorca con Pilar Juncosa...

Es hombre de campo y esta atmósfera le acompaña por todo el mundo. Los mont-rogenses sabemos muy bien que, por medio de los cuadros de nuestro pintor, el nombre de nuestro pueblo es conocido en todo el mundo. El arraigo de Miró con su pueblo está plenamente confirmado en las palabras que F. Trabal transcribió en La Publicitat.

«Yo creo que soy quien más al lado está de Cataluña entre los pintores de este país, a pesar de pasar temporadas fuera. Y así también lo creen en el extranjero. Ninguna crítica extranjera nunca me ha presentado como perteneciente a otro país. Siempre se me ha dicho catalán y basta. Mi nombre siempre veréis que en todas partes es “Joan”, muy diferente de otros pintores de Barcelona que están fuera. Por mi parte, os aseguro que donde más feliz soy es en Cataluña, en Mont-roig, que es donde creo que es más Catalunya.»

«El puro catalán creo que es Tarragona. Soy mucho más feliz en suéter y bebiendo con porrón entre los payeses de Mont-roig que no en París entre duquesas en grandes palacios y con smoquing. Toda mi obra està concebida en Mont-roig, todo lo que he hecho en París está concebido en Mont-roig, nunca pensando en París, que detesto”.

Cuando se escribe un artículo sobre un pintor con una obra tan importante como la de Joan Miró, no faltan argumentos de ningún tipo, existen muchísimas publicaciones, catálogos, artículos, libros, etc.; pero a los mont-rogenses nos gusta más hablar de las vivencias y de las sensaciones.

En 1975 —concretamente a primeros de noviembre y en presencia de Joan Miró— la Fundación que lleva su nombre en Barcelona, recibió del pueblo de Mont-roig un algarrobo. Este hecho confirma plenamente el arraigo de Miró con Mont-roig y este algarrobo nacido en Mont-roig y enraizado en Barcelona es la señal inequívoca de la recíproca fidelidad, amor e inmortalidad de Miró y Mont-roig.

Mont-roig es una tierra que lo acogió; una tierra que no siempre le comprendió;  pero fue una tierra que le empujó hacia la luz de nuestro pueblo para llegar a ser un catalán y un mont-rogense universal.

Miró siempre fue un luchador antifascista y un luchador por la paz, con un compromiso cívico extraordinario. En el conflicto bélico (1936-1939) se decantó claramente por la ayuda a la causa republicana, esto le conllevó, en los años negros del franquismo, el menosprecio de los organismos oficiales de entonces. En el exterior, pero, su fama y reconocimiento fueron de una proyección incuestionable.

Mont-roig y el Camp de Tarragona no son sólo unos lugares que caracterizaron una determinada etapa de la vida de Miró o que pueden relacionarse con un período artístico concreto  de su producción, sino que son la referencia imprescindible para poder interpretar la trayectoria de este artista excepcional.

La casa de la Palmera (1918), Pueblo e iglesia de Mont-roig (1919), La masía (1921-22), Tierra labrada (1923-24), o El carnaval del Arlequín (1923-24) son piezas inexplicables sin conocer lo que Mont-roig representaba para Miró. Para él, esta población lo era todo: fuerza de la tierra, esencia del país, fuente de inspiración, lugar de recogimiento, contacto con lo primigenio  y espacio de lo trascendente. (1)

«Para mí, un cuadro debe ser como unas chispas... Debe tener una radiación, que sea como estas piedras que usan los pastores pirenaicos para encender la pipa» (2)

«Los niños también soñarán con enjambres mágicos de mariposas, con la inexistente casa de carabineros de la playa de la Pixerota, libélulas de alas rojas que persiguen una serpiente que resbala en espiral hacia la estrella-cometa, un conejo que corre frenéticamente por el coto del marqués de Marianao, el pino de Baltasar, historias de los reyes “moros” subiendo a caballo por la montaña roja; y, tal vez algún privilegiado, verá una sonrisa de alas llameantes en una noche de San Juan volando por las ruinas de Miramar, o unas manos volando hacia las constelaciones saliendo de las grietas del Areny. Entonces los medios de comunicación del año 2000 volverán a hablar de “Miró” y de Mont-roig.» (3)

Hoy doy la razón a esta frase visionaria. El mundo habla nuevamente de Mont-roig, y lo continuará haciendo, gracias también al gran artista irlandés: Matt Lamb.

La primera vez que vi la obra de Matt Lamb, en Horta de Sant Joan, me sentí automáticamente sorprendido por los colores, las formas y la fuerza que emana de toda ella. Me llevo a pensar, sin darme cuenta, en la obra del gran Miró

Como alcalde, la educación  es una de mis mayores preocupaciones, por eso la obra que lleva adelante Matt Lamb con los niños a través de su "Proyecto paraguas por la paz" me ha impresionado gratamente y además me hace notar que tal como Miró, no es un artista de "pedestal", sino que siempre está cerca de la gente.

 

Estoy seguro que el artísta irlandés Matt Lamb, reconocido mundialmente no sólo por su excelente trabajo sino también por su compromiso con la paz y el entendimiento entre las naciones, encontrará en Mont-roig la misma fuerza que nuestro pueblo inspiró a Joan Miró y también como él, amará Catalunya y su gente

 

Bienvenido Sr. Matt Lamb, nos sentimos orgullosos de que otro gran artista pise nuestras playas y deje su huella de la misma manera que lo hizo antes que Ud. el gran Joan Miró.

 

Su recuerdo y, sobretodo, su obra, lo han hecho inmortal.